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¿Por qué los habitantes se cansan del turismo?

Cada vez más locales están cansados del turismo masivo que llega a sus ciudades. Te contamos a qué se debe ese fenómeno.

Barcelona y Lloret de Mar enfrentan un reto que va más allá de las cifras y los planes urbanísticos: el agotamiento emocional de sus vecinos ante el turismo masivo. Entender este fenómeno desde la psicología social puede ser la clave para construir ciudades más habitables y modelos turísticos sostenibles.

El turismo también transforma los sentimientos urbanos

El turismo no solo cambia las calles ni los precios de la vivienda: también modifica cómo los residentes sienten su propia ciudad. En destinos como Barcelona o Lloret de Mar, donde millones de visitantes conviven con los vecinos, la saturación turística se ha convertido en un desafío emocional.

Grafitis como “Tourists go home” o pancartas contra los pisos turísticos no expresan odio al visitante, sino el cansancio de quienes sienten que su ciudad ya no les pertenece. Según una investigación doctoral centrada en vecinos y turismo, lo que los medios llamaron “turismofobia” no es un rechazo irracional al turista, sino una reacción emocional ante un modelo turístico que ha sobrepasado los límites de la convivencia.

La turismofobia: un término nacido en los medios

El concepto turismofobia se popularizó en España en 2016, pero no nació en los barrios. Surgió en las redacciones de los medios, que lo usaron para simplificar un fenómeno complejo. Así, cualquier crítica vecinal se interpretaba como odio al turista, desviando la atención de los problemas reales: la presión sobre la vivienda, la saturación del espacio público y la pérdida de identidad barrial.

Este discurso mediático, según el estudio, reforzó estereotipos y bloqueó la empatía. Al presentar las quejas ciudadanas como una fobia, se desactivó el diálogo y se deslegitimó la protesta.

Del “no al turismo” al “sí a la ciudad”

Colectivos como la Assemblea de Barris pel Decreixement Turístic (Barcelona) o Un Altre Lloret És Possible (Lloret de Mar) no buscan eliminar el turismo, sino recuperar el derecho a la ciudad: poder vivir, trabajar y decidir sobre el entorno urbano.

Los vecinos valoran medidas que limiten los impactos del turismo, como la regulación de los pisos turísticos o el control del acceso a zonas saturadas. Sin embargo, reclaman participar en su diseño. “Queremos poder vivir aquí”, resumen muchos residentes. No es un grito contra los visitantes, sino una reivindicación política y emocional.

El impacto emocional del turismo masivo

El efecto más invisible del turismo es el cansancio emocional. En encuestas realizadas en Barcelona y Lloret de Mar, entre 400 residentes, se observó un patrón claro: el estrés, la irritación y el nerviosismo aumentan con la presión turística.
En Barcelona, tres de cada cuatro vecinos muestran signos de malestar; en Lloret, dos de cada tres. Este fenómeno se ha definido como agotamiento emocional urbano: la sensación de vivir en un lugar que ya no ofrece descanso ni control.

No se trata de rechazo al turista, sino de una reacción natural al estrés y a la pérdida de bienestar cotidiano. En Lloret, la dependencia económica del turismo suaviza el malestar; en Barcelona, donde los efectos son más visibles, se intensifica.

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