Palermo, Florencia, Roma y otras ciudades italianas están viviendo una transformación histórica en sus centros urbanos: la proliferación de restaurantes turísticos ha saturado calles, afectando la vida local y los comercios tradicionales.
Este fenómeno, conocido como ‘foodificación’, se ha convertido en un desafío que autoridades y residentes buscan contener.
En Palermo, la Via Maqueda ha pasado de ser una calle tranquila a un corredor lleno de restaurantes y locales de comida rápida pensados para turistas.
Bolas de arroz arancini, cannoli y spritz de Aperol se mezclan con los manteles a cuadros de los 31 establecimientos que se apiñan en pocos metros.
Ante esta saturación, el alcalde de Palermo, Roberto Lagalla, prohibió este año la apertura de nuevos restaurantes en la Via Maqueda y calles adyacentes.
La expansión del turismo gastronómico en Italia
El fenómeno no es exclusivo de Palermo. Florencia, Roma, Bolonia y Turín también han visto cómo sus calles se llenan de restaurantes al aire libre con platos diseñados para redes sociales.
Desde tagliatelle hasta espaguetis en cuencos fotogénicos. Aunque el turismo representa el 13% de la economía italiana, el turismo de comida y vino casi se ha triplicado en la última década. Generando un aumento de precios y un desplazamiento de residentes locales.
La preocupación principal de los italianos es que la autenticidad cultural se vea afectada. “Es un parque de atracciones, no una ciudad”, señaló Karen Basile, trabajadora social y residente de Palermo. En el centro de Roma, la población ha disminuido más de una cuarta parte en los últimos 15 años, mientras que Venecia y Florencia también enfrentan una pérdida significativa de habitantes en sus zonas históricas.
Causas internas y externas de la foodificación
El turismo masivo no es el único factor. Los italianos compran cada vez más en supermercados o en línea, mientras que para los comerciantes locales, atender a turistas con menús estereotipados resulta más rentable que mantener negocios tradicionales como puestos de fruta o pescado. “Es como si en una calle aparecieran consumidores ciegos, sin papilas gustativas y con el estómago de hierro. Los negocios se aprovecharon”, explicó Maurizio Carta, responsable de urbanismo de Palermo.
En la última década, Palermo duplicó el número de restaurantes en su centro histórico, mientras que después de que la Unesco reconociera la arquitectura normanda y árabe de la ciudad en 2015, los visitantes aumentaron en un 50% en cinco años. Esta tendencia se ha repetido en otras ciudades italianas con alto flujo turístico.
Medidas de autoridades y equilibrio con el turismo
A pesar de los desafíos, el turismo sigue siendo clave para la economía y el empleo local. Autoridades italianas buscan limitar la apertura de nuevos restaurantes en calles saturadas y fomentar alternativas como conferencias, turismo de negocios y alojamiento para nómadas digitales. “Limitar las nuevas licencias de restaurantes también evitaría que otras calles se convirtieran en monocultivos de spritz de Aperol”, comentó Maurizio Carta.
Sin embargo, el equilibrio entre el turismo, la autenticidad cultural y la vida cotidiana local sigue siendo un reto. Como concluye Valeria Vitrano, guía turística de Palermo: “El turismo me da trabajo, pero hemos perdido a todos nuestros clientes locales. Ahora aquí todo es comida rápida”.