Dubrovnik, uno de los destinos más visitados de Europa y Patrimonio de la Humanidad, está marcando un precedente inesperado: reducir el turismo aunque eso implique perder dinero.
Con 27 visitantes por cada habitante, la ciudad croata enfrenta desde hace años una saturación turística que amenaza tanto su patrimonio histórico como la calidad de vida de sus residentes.
El alcalde Mato Frankovic ha impulsado un plan que busca equilibrar la actividad económica con la preservación del casco antiguo, conocido mundialmente como escenario de la serie Game of Thrones.
Entre las medidas más relevantes destacan:
- Límite máximo de visitantes dentro de las murallas: 11.200 personas simultáneas.
- Restricción de cruceros: solo dos por día, con estadías obligatorias de al menos ocho horas.
- Control del flujo turístico con cámaras y datos en tiempo real.
- Reserva anticipada para acceder a murallas y museos a partir de 2026.
- Nuevas regulaciones que dificultan los alquileres turísticos a corto plazo.
- Prohibición de maletas con ruedas y reemplazo por un sistema de transporte de equipaje.
Frankovic asegura que, aunque al inicio hubo pérdidas, el impacto económico ya se está equilibrando: “Los restaurantes están llenos, los cafés funcionan mejor y los viajeros gastan más cuando no hay hacinamiento. Más no siempre es más”.
Uno de los cambios más llamativos es la compra de propiedades dentro del casco antiguo para alquilarlas a familias locales, medida que busca revertir la despoblación causada por el turismo.
También se instaló una escuela en un antiguo palacio para fomentar el regreso de residentes.
Opiniones divididas entre los habitantes
Algunos locales, como pequeños arrendadores y comerciantes, consideran que los cambios no van lo suficientemente lejos o que solo favorecen al turismo controlado.
Otros, incluidos guías y agencias de viaje, aseguran que el ambiente ha mejorado respecto a 2017 y 2018, cuando la masificación alcanzó niveles críticos.
A diferencia de ciudades como Venecia, Barcelona o Ámsterdam, Dubrovnik ha optado por restringir el número de visitantes en lugar de apostar por más ingresos a cualquier costo. La estrategia apunta a transformar su modelo turístico en uno sostenible, sin perder atractivo ni identidad.
El alcalde confía en que los beneficios reales se verán a mediano plazo: “En tres años tendremos ciudadanos satisfechos, un turismo manejable y una ciudad viva. Apostamos por la calidad, no por la cantidad”.