En las islas Galápagos, frente a la costa de Ecuador, el turismo vive una transformación acelerada gracias al auge de plataformas como Airbnb.
Alicia Ayala, conocida por los residentes como “la reina de Airbnb”, alquila tres departamentos en Puerto Ayora, isla Santa Cruz, por alrededor de 120 dólares la noche, ofreciendo a mochileros, familias ecuatorianas y viajeros internacionales una alternativa más asequible para visitar este destino, históricamente reservado a las élites.
Desde la pandemia, cientos de galapagueños han seguido este modelo, incluso con habitaciones disponibles por tan solo 8 dólares la noche.
Aunque la medida ha dinamizado la economía local, también ha generado tensiones. Hoteleros, naturalistas y defensores del medioambiente advierten que el turismo masivo atraído por los alquileres a bajo costo amenaza al delicado ecosistema del archipiélago, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Los críticos señalan que muchos visitantes desconocen que el 97% del territorio de Galápagos es parque nacional protegido y no respetan la flora y fauna locales.
Escenas de lobos marinos desplazados de playas y turistas alterando la vida silvestre se han vuelto frecuentes en Puerto Ayora, el principal centro poblado. Además, cafeterías y restaurantes frente al mar atienden a la creciente demanda turística, lo que incrementa la presión sobre especies marinas, como el atún, ya en riesgo de sobreexplotación.
Si bien Airbnb y plataformas similares han democratizado el acceso a las islas, expertos insisten en la necesidad de regular los alquileres a corto plazo y controlar la llegada de visitantes, para evitar que el turismo masivo ponga en jaque la riqueza natural que hace únicas a las Galápagos.