El verano suele representar para millones de personas un periodo de descanso después de meses de rutinas aceleradas, trabajo y estrés. Sin embargo, no siempre ocurre como lo imaginamos: en lugar de sentirse renovados, muchos desarrollan resfriados, dolores musculares o fatiga extrema.
Este fenómeno se conoce como “enfermedad del ocio” y afecta, según el estudio Leisure Sickness de la IU International University of Applied Sciences, a una de cada cinco personas al inicio de sus vacaciones.
En entrevista para El Economista, el doctor Hugo Palafox, explica que el sistema inmune se mantiene en estado de alerta durante periodos prolongados de estrés.
pero al relajarse de forma repentina, se desactiva esa “hiperactividad defensiva” y el organismo queda vulnerable. “No es que el descanso enferme, sino que revela el desgaste acumulado”, señala.
El especialista recuerda que el ser humano está preparado evolutivamente para manejar estrés en lapsos cortos, pero la vida moderna nos expone a un estrés crónico que termina por desgastar al cuerpo.
Síntomas como cansancio persistente, migrañas o problemas digestivos son señales de alerta que suelen preceder a la llamada enfermedad del ocio.
Para prevenirla, Palafox recomienda cinco claves: mantener una hidratación inteligente con reposición de electrolitos, dormir al menos seis horas con horarios regulares, optar por suplementos que favorezcan la producción de glutatión, realizar ejercicio ligero y constante, y priorizar una alimentación rica en frutas y verduras de colores variados.
“Las vacaciones no deberían convertirse en un periodo de recuperación, sino en una oportunidad para reconectar y cuidar la salud desde adentro”, concluye el especialista.


















